EL «BATALLA», MUCHO MÁS QUE UNA CARRERA

MILES DE AFICIONADOS SE DIERON CITA PARA EL GRAN PREMIO

Con tribunas repletas y las confiterías del hipódromo funcionando a pleno, muchos fanáticos tuvieron que conformarse con ver las pruebas a través de las pantallas. FOTOS DE FRANCO VERA

No hace falta poner un pie en el gigantesco perímetro del hipódromo para comenzar a vivir el «Batalla». El ambiente lo envuelve a uno desde antes de entrar, desde que el barullo propio de los grandes eventos se hace audible.

La atmósfera se parte en dos con el frenético voceo que llega desde las carpas de remate, donde cientos de apostadores cristalizan sus instintos en pequeños boletos blancos. Algunos arriesgan unos pesos por mera diversión. Otros se juegan hasta lo que no tienen. Por supuesto, de ellos son los gritos más encendidos y los lamentos más sentidos a la hora de la verdad.

«Burreros» y algo más

De todos modos, hay que ser sinceros: si la entrada se circunscribiera a los «burreros», con una sola tribuna bastaría. Pero sucede que al «Batalla» van todos: los que saben, los que no, los que apuestan, los que miran, los curiosos, los parientes y los caretas..

El hipódromo superaba holgadamente las 12.000 almas cuando todavía falta rato para la octava carrera, la que todos querían ver. Uno de los invitados de lujo fue José Alperovich, el primer gobernador en asistir a un «Batalla» desde que lo hizo Oscar Emilio Sarrulle, hace 40 años, según cuentan los memoriosos. El primer mandatario provincial observó la prueba principal desde la cabina del comisariato.

Infaltable Carlos Alberto lo vive tranquilo, ubicado en la verde explanada que separa las tribunas de la pista. Será porque de los 60 años que tiene, la mitad lo vieron en la carrera. «Al hipódromo vengo muy de vez en cuando, pero al ‘Batalla’ no me lo pierdo», confiesa el hombre, que depositó su fe y algo de dinero en Safari River. Mala suerte para él esta vez.

Como uno más, el gobernador de la provincia disfrutó de la jornada

«Antes las mujeres se quedaban en casa. En cambio ahora vienen muchísimas familias, y eso es muy bueno», destaca Carlos Alberto, y con razón. El turf, deporte históricamente reservado para los hombres, hoy convoca a miles de familias de todos los estratos sociales. Después de todo, no hay que ser un experto en materia ecuestre para disfrutar del «Batalla». Incurable Rebel ganó otra vez. Una marea de brazos en alto celebra la triple corona del indomable alazán, entre ellos los de Juan José. «¿Confianza ciega?¡Cieguísima! Lo vine a ver toda la semana y estaba seguro de que iba a ganar. Así que ahora, a cobrar», señaló el muchacho, con una sonrisa tan ancha como los cuatro cuerpos que Incurable Rebel le sacó al resto.

Federico Espósito

LA GACETA

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