Con la imposición de nuevas regulaciones para los establecimientos de una de las modalidades de juegos de azar, la alcaldesa de Roma pone el dedo sobre una de las llagas de la Ciudad Eterna y de todo el país.
El nuevo reglamento, aún pendiente de aprobación por el Concejo Municipal, se aplicará a las 294 salas en las cuales funcionan más de 50 mil máquinas tragamonedas, el 12 por ciento de todas las existentes en Italia.
Las nuevas normas, explica Raggi, establecerán un límite de 500 metros de distancia de las salas de juego respecto a lugares sensibles como escuelas, centros deportivos, iglesias, unidades militares y cajeros bancarios automáticos.
Esa medida, señala, tiene como objetivos garantizar mejores niveles de seguridad para el cuidado de la salud y del orden público, además de prevenir el riesgo de utilización por parte de menores de edad.
El reglamento prohibirá el funcionamiento de las salas de juego en el perímetro del centro histórico, áreas peatonales y cualquier otro espacio en el cual se obstruya la circulación de vehículos.
La decisión de la alcaldesa ataca, según puntualiza ella misma, un fenómeno de connotaciones preocupantes en Italia.
Los juegos de azar, tan antiguos como la humanidad misma, tienen una fuerte presencia entre los romanos, quienes los heredaron de los etruscos en tiempos inmemoriales antes de nuestra era.
Desde entonces constituyen una práctica socialmente aceptada, presente hoy en todas las regiones y estratos del país como parte de un negocio altamente lucrativo.
Según datos de la Agencia Aduanera y del Monopolio correspondientes a 2014, el volumen de operaciones en los juegos de azar en Italia, ascendió ese año a 70 mil 38 millones de euros, con una pérdida para los jugadores de 16 mil 740.
Eso significa que de cada euro invertido por una persona en cualquiera de las modalidades de los juegos de azar, sólo recuperó, como promedio, 76 centavos.
Las regiones donde más se gastó por ese concepto en ese período fueron Lombardía, cuya capital es Milán, con 13 mil 847 millones, Lazio (Roma) con siete mil 655, Campania (Nápoles) con seis mil 579 y Emilia Romaña (Boloña), con cinco mil 929.
De acuerdo con un estudio de la organización encuestadora sobre el consumo de alcohol y otras drogas, Ipsad por sus siglas en inglés, realizado entre 2013-2014, el 42,9 por ciento de los italianos jugó alguna suma de dinero al menos una vez en su vida.
De especial preocupación es la propagación de esta práctica entre niños y adolescentes, quienes se vinculan al mundo de los juegos de azar a través de las redes telemáticas.
Considerados por muchos una forma de entretenimiento o simplemente un pasatiempo, los juegos de azar pueden llegar a ser una adicción y, en ese caso, tener graves repercusiones económicas, sociales y sanitarias.
Fortunas dilapidadas, familias destruidas, amistades perdidas, trastornos sicológicos irreparables y vidas arruinadas hasta el punto del suicidio, pueden ser consecuencias de los juegos de azar, mayores aun cuando sus causas están asociadas a otras adicciones como el consumo de drogas.
La iniciación y permanencia en ese mundo puede estar motivada por ‘el suspenso, la excitación y el entretenimiento, aunque también la necesidad de llenar una sensación de vacío y soledad’, afirma Roberto Mineo, presidente del Centro Italiano de Solidaridad (Ceis), uno de cuyos temas investigación es precisamente el del impacto social de los juegos de azar.
Puede ser también -indica- la búsqueda de un rescate económico, sobre todo en este período de fuerte crisis.
La adicción a los juegos o ludopatía NO es un fenómeno nuevo, pero su repercusión social es mayor en la medida en que se expande, adopta nuevas formas, y se hace cada vez más accesible debido al desarrollo tecnológico y la expansión de Internet.
El gobierno italiano destina cada año millonarias sumas para la prevención, el tratamiento y cura de pacientes afectados por esta patología, cuyo número oscila entre 800 mil y un millón agrupados en varios niveles de dependencia, según diversas fuentes.
De cualquier manera, en esta, como en cualquier otra adicción, lo más aconsejable es NO comenzar a pesar del viejo refrán, tan seductor como engañoso, de que ‘el banco pierde y se ríe, el punto gana y se va’.
Frank González para prensa-latina.cu
