Buenos Aires, escenario del aumento de controles de la ATP por las apuestas

Pasillos, tribunas y hasta la sala de prensa tienen encargados de detectar irregularidades para evitar derrotas intencionales; los jugadores están molestos por las denuncias sin nombres

Antes de que el Abierto de Australia se pusiera en marcha, una denuncia de BBC sobre supuestos partidos arreglados y apuestas ilegales sacudió los cimientos del tenis en todas sus categorías. Durante horas, versiones con disímiles fundamentos fueron publicadas en medios gráficos, digitales y audiovisuales. Finalmente la cadena británica no difundió nuevos nombres y culpó a la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) y a la Unidad de Integridad del Tenis (TIU) de no actuar ni profundizar en investigaciones pese a conocer detalles oscuros. Los organismos que regulan el tenis internacional, es decir, ATP, WTA (Asociación Femenina de Tenistas), ITF (Federación Internacional de Tenis) y el consejo de los cuatro torneos de Grand Slam reaccionaron y crearon el Panel de Revisión Independiente, con la facultad de verificar la eficacia de los programas anticorrupción y sugerir cambios con libertad. El Argentina Open, como cualquiera de las estaciones del ATP World Tour, no escapa de las advertencias. La lupa también está en los pasillos del Buenos Aires Lawn Tennis Club.

«Acá vino gente especializada en ver que no haya personas extrañas pasando datos o resultados. En otros torneos hemos sacado sospechosos. Pero la ATP se encarga de eso, manda a su gente y es independiente del certamen. Nosotros, si pasa algo, obviamente estamos para ayudar y avalar la decisión. No estamos desentendidos, para nada. No es un tema menor», apuntó Martín Jaite, el director del campeonato porteño. Y añadió: «Soy bastante antiguo con la tecnología, no entiendo cómo es el negocio de las apuestas. Me modernicé un poco cuando viajé como entrenador de Gastón [Gaudio] y de David [Nalbandian], pero nunca lo viví. Al tenis le hace pésimo que haya sospechas. Pero si hay cosas concretas, lo mejor sería que dieran nombres», sostuvo.

Hay sabuesos que recorren los distintos sectores del predio durante el Argentina Open: las canchas, la zona de jugadores, el VIP, las carpas comerciales. Según explicó a LA NACION desde Londres Mark Harrison, vocero de la TIU, dicha entidad trabaja en colaboración con los certámenes suministrándoles parámetros para identificar a los personajes que representen una amenaza. «Esos detalles se mantienen en privado y son para uso exclusivo de los oficiales del torneo. Sabemos que hay personas involucradas en los juegos de azar y buscamos que no entren, o en los casos en que esto no sea posible, no permitirles el acceso a las áreas privadas, sobre todo a la de jugadores», manifestó Harrison. Existen, asimismo, empleados por las organizaciones de apuestas que pasan información al exterior, beneficiados por la demora de pocos segundos entre lo que sucede en un partido y lo que se emite por Internet, tanto en imágenes (live streaming) como en resultados (live score). La TIU, organismo que nació en 2008 para combatir contra la corrupción en el tenis, los llama «courtsiders» y los busca en cada rincón. Además de prohibir el uso continuo de computadoras portátiles u otros dispositivos electrónicos en los courts por parte de espectadores no autorizados, se restringe el acceso a ciertos sitios de Internet. «El filtrado web está en vigor en Buenos Aires en todas las redes administradas por el torneo», aseveró el vocero.

En Melbourne, un día antes de que BBC hiciera explotar la bomba, los tenistas se enteraron de lo que ocurriría. «Tuvimos una reunión del Consejo de Jugadores. El presidente [Eric Butorac] ya sabía. Nos reunió y nos dijo «miren, mañana va a salir esto. Hay una supuesta lista de jugadores implicados». No sabíamos qué iba a pasar. Y terminó siendo muy malo para el deporte, porque no hubo acusaciones directas. No tenían una prueba o al menos no la mostraron», comentó, dolorido, el brasileño Andre Sa, que desde 2012 y hasta el próximo Wimbledon es uno de los diez integrantes del Consejo. Sa, que compitió este año en dobles en el ATP de Buenos Aires, adelantó a LA NACION que el 21 del mes próximo, en Miami, los jugadores volverán a reunirse para analizar la situación y lo que se hizo desde el Abierto de Australia. «Estamos en contra de las apuestas ilegales y la manipulación de resultados. A mí nunca llegaron a ofrecerme dinero por tirar un partido. Pero sabemos que pasa eso. A los que agarraron, los suspendieron o los echaron del deporte. Hay que investigar a las personas que están en los hoteles o en los clubes, pero en un deporte individual es complicado controlar quién va a tirar un partido y quién no. Todo esto es horrible para el tenis», agregó el brasileño.

A partir del informe de BBC, la ATP se puso más rigurosa en muchos puntos. También en el vínculo con los medios. Los árbitros no están autorizados a hacer declaraciones, salvo con la aprobación de la entidad. Y los representantes de prensa y relaciones públicas de la ATP en cada certamen preguntan qué temas se tratará cuando se solicita una entrevista con un jugador. El español David Marrero, sospechoso de amaños en un partido de dobles mixto en Australia junto a Lara Arruabarrena (contra Andrea Hlavackova y Lukasz Kubot), jugó en Buenos Aires. Y, ante los pedidos de charlas con Marrero, los encargados de prensa que llegaron al ATP porteño informaron que de ese «asunto» no iba a hablar.

«Las denuncias me dejaron un sabor amargo, porque se ensucia la imagen del tenis y eso no me gusta, sobre todo cuando no dan pruebas ni nombres. Si hay gente que ha hecho trampa, me parece perfecto que se investigue y se la sancione. Pero arrojar algo sin pruebas me parece muy malo y de poco profesional», afirmó, con fastidio, David Ferrer. La italiana Flavia Pennetta, vigente campeona del Abierto de Estados Unidos, aunque hoy retirada y presente en Palermo acompañando a su novio, Fabio Fognini, coincidió con el español: «Creo que han sacado noticias con cosas antiguas, que la gente sabía y han sido investigadas. Fue como para ensuciar otra vez, no sé con qué propósito. Ahora hay un control muy fuerte a las apuestas y al doping. Está claro que no se puede controlar a todo el mundo. Además, Internet y las redes sociales son incontrolables».

En el tenis, como en la vida, hay distintas realidades. Los jugadores de elite parecen estar más protegidos y ajenos a tentaciones inadecuadas. Pero en las categorías inferiores el panorama es distinto. El español Iñigo Cervantes, 75º del ranking, que actuó en el Argentina Open tanto en individuales como en dobles, lo ilustró con crudeza: «Es un tema muy delicado. Con los años, cada vez se habla más. Pondría las manos en el fuego por 99,9% de los jugadores de ATP. He oído que en el nivel más bajo, sobre todo los futures, hay partidos amañados. Sobre todo por el tema económico, ya que se hace difícil sobrevivir. Pero hay otras situaciones. Por ejemplo, no es justo que mi nombre salga en casas de apuestas y que en cada partido que yo pierdo tenga insultos en mi teléfono móvil. Si pudiera decidir por mí mismo, no se apostaría sobre mis partidos. Nosotros no recibimos nada a cambio por nuestra imagen y ya se está yendo todo un poco de las manos. En redes sociales recibo mensajes feos, insultos y amenazas cada vez que pierdo y supuestamente le hago perder dinero a los apostadores. Esto así no puede continuar».

Las entidades que regulan el tenis están en movimiento, auditando, vigilando. Llegaron al torneo de un país con jugadores sospechados, según la propia BBC. Los «espías» pueden estar en una sala de prensa (con acreditaciones) o sentados en las tribunas al lado de cualquier espectador. La lupa por la mafia de apuestas y partidos arreglados está en todos lados. También en Buenos Aires.

lanacion.com.ar

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