“El turf reúne a mundos sociales muy diferentes”

El investigador Roy Hora detalla en, “Historia del turf argentino”, los momento claves de uno de los deportes de mayor tradición en el país. La actualidad del hipódromo de San Isidro.

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Durante la primera mitad del siglo pasado, el turf fue el fenómeno popular más importante del deporte argentino, hasta que fue desplazado paulatinamente por el fútbol, el boxeo y el automovilismo. Palermo primero y San Isidro después fueron, como ningún otro espacio, escenario del encuentro de la oligarquía y las clases populares. “Lo que tiene de interesante el turf es que pese a que está dominado por la elite, reúne mundos sociales muy diferentes de donde surgieron los primeros ídolos populares del deporte”, cuenta Roy Hora, historiador, investigador y profesor universitario, en su libro “Historia del turf argentino”, publicado en 2014 por Siglo Veintiuno Editores.

-¿Cómo era la convivencia de las diferentes clases?

-El hipódromo muestra a todas las clases sociales, cada una en su tribuna, pero con contacto visual, lo que sirve para construir imágenes de cómo era la sociedad. El turf representó un lugar de enseñanza práctica de conceptos como autoridad, jerarquía, poder y el hipódromo fue la principal vidriera pública en la que se exhibió la clase dirigente argentina. Eso en otros ámbitos no pasaba. Uno no se cruza a menudo con las quinientas familias más importantes del país, con su propia ropa y elegancia.

-¿Cómo se podría resumir el recorrido histórico del turf?

-Hay tres momentos. Desde 1880 hasta poco después de 1910 es la época del turf elitista. La prensa sólo hace referencia al caballo y al propietario, mientras que los jinetes no cuentan. A partir de la década del ‘20 esto empieza a cambiar y los jinetes se afirman como protagonistas del espectáculo, con Irineo Leguisamo como símbolo. El Jockey Club sigue estando, es inevitable porque sin gente de guita no hay carreras, pero la atención de las tribunas y la prensa popular está centrada en los jinetes. La declinación arranca en los ‘50 y se consolida en los ’60. Es una caída lenta, pero las nuevas generaciones giran hacia otro lado, fundamentalmente al futbol.

-¿Por qué cree que se da esta declinación?

-El turf fue muy atractivo cuando la población tenía un contacto directo con los caballos, que luego fue desplazado por los automóviles, tanto en el sistema de transporte urbano como en el campo. Antes había mucho conocimiento de la singularidad del animal, entonces se apreciaban muchas otras cosas más allá de la competencia, había un ojo más entrenado.

-Sin embargo, sobrevivió hasta hoy.

-El turf sobrevive en parte porque hay apostadores. Hay menos interés en las carreras de caballos en sí mismas, como espectáculo, pero funciona como una plataforma para apostar. Sigue habiendo gente que sabe de caballos y puede apreciar una carrera, pero son cada vez más una minoría que corre contra la corriente. Por eso, hay que rodear la carrera con otros atractivos, como en eventos como el Carlos Pellegrini, que refleja la adaptación a nuevos tiempos e intereses

-¿Cómo surge la construcción del hipódromo de San Isidro?

-A partir del crecimiento del turf, el Jockey Club pensó en un hipódromo que fuera de su propiedad, ya que el de Palermo era una concesión en terrenos estatales. En 1935 se inauguró el de San Isidro, con pista de césped y para usarlo principalmente en verano. Hoy tener dos hipódromos probablemente sea demasiado, pero en la época de esplendor trabajaban a full.

Por: Pablo Andisco para elargentinozonanorte.infonews.com

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