Se termina el plazo de la última prórroga que se dieron Codere y sus acreedores para cerrar un acuerdo que salve a la compañía de caer en concurso de acreedores. Como en una timba de póker se apurará hasta el último momento para concluir la partida que se prolonga desde junio de 2013, pero según fuentes conocedoras de la negociación se ha avanzado mucho en las últimos días para acercar posiciones.
La familia Martínez Sampedro está dispuesta a ceder el control accionarial de la compañía siempre que se mantengan acuerdos de gobierno que impliquen presencia en el Consejo de Administración y cargos directivos. Los actuales propietarios de Codere estarían dispuestos a ceder la línea roja que se habían marcado de mantener el 30% del capital si se respetan ciertas condiciones. Por su parte, los representantes de los bonistas renunciarían al objetivo de quedarse con el 80%. El acuerdo fluctúa en un punto intermedio de las dos posturas.
Aunque no se descarta ninguno de los escenarios posibles, después de tantas de conversaciones a ninguna de las partes les conviene que Codere termine en concurso de acreedores y se judicialice el proceso. Cabe la posibilidad que las dos partes se concedan más tiempo para cerrar los flecos del acuerdo, en un “en una negociación tan complicada”. Donde hay más sintonía es sobre la refinanciación de la deuda, la compañía necesita sí o sí aplazar los vencimientos y una inyección de capital para garantizar la viabilidad a corto plazo.
La compañía presentó voluntariamente el preconcurso de acreedores a comienzo de año en quiebra técnica tras suspender pagos del vencimiento de su deuda y para ganar tiempo frente a los acreedores, que se habían convertido en fondos buitres después de hacerse con la titularidad de una línea crédito.
Los bancos, liderados por BBVA y Barclays, vendieron a los fondos GSO y Canyon el pasivo que tenía contraído con Codere a pocos días de que venciera. Para la compañía comenzó una cascada de impagos sobre sus obligaciones y se abría una dura negociación con sus acreedores. La jugada ha sido enrocarse en el preconcurso para que los fondos pierdan la iniciativa para controlar la compañía y someter la negociación a vigilancia judicial confiando en la viabilidad de la empresa y esperando una quita sobre la deuda sin que haya canje de deuda.
La familia Martínez Sampredo, controla de manera directa más del 60% de la compañía, ha apurado los plazos para llegar a un acuerdo. El pasado 6 de febrero terminó el de la extensión del crédito senior al rechazar la oferta de los bonistas que pretendían inyectar capital por 400 millones de euros para cumplir con las exigencias financieras inmediatas de la compañía, para posteriormente canjear la deuda con dos nuevas emisiones de bonos de 760 millones que sustituirían a los anteriores a las cuales el grupo no ha podido pagar los últimos abonos, a cambio de tomar el control de la compañía.
Pero a pesar de que la propuesta contemplaba que José Antonio Martínez Sampedro, actual presidente y consejero delegado de la empresa, se mantuvieran en sus cargos, los dirigentes se negaban a ceder control del accionariado. La postura de Codere ha sido durante este tiempo impedir que los acreedores entren en capital de la compañía y proponer unos plazos más flexibles para afrontar la deuda que supera los 1.000 millones de euros.
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