Las apuestas deportivas y el debate que nos debíamos

Declan Hill, periodista investigador de las apuestas clandestinas
Declan Hill, periodista investigador de las apuestas clandestinas

Hace un par de días criticamos duramente al diputado Martello por la insustancialidad de los argumentos en que basa su propuesta para prohibir las apuestas deportivas. Hoy -y para abrir el espectro de opiniones- reproducimos la nota publicada por el sitio español elmundo.es, con la firma del periodista Sebastián Fest.

Nos permitimos, eso si, mechar alguna consideración en el desarrollo de la misma, porque no podemos con nuestro genio.

 

El mundo incontrolable de las apuestas deportivas

Hace ya unos cuantos años, Joseph Blatter meneó la cabeza negando: «Usted está equivocado, pero en caso de que tuviera razón, significa que habré fracasado en mis 30 años de fútbol».

La frase del presidente de la FIFA estaba destinada a Declan Hill, un incansable periodista canadiense que dedicó un buen trozo de su vida a sumergirse en el submundo de las apuestas clandestinas, en el corazón de las mafias asiáticas.

Hill acababa de entregarle a Blatter una nutrida documentación con «pruebas sólidas, muy sólidas» de manipulación de resultados durante el Mundial de Alemania 2006. La reacción del suizo se resumió en aquella frase escéptica, aunque un tanto a la defensiva, revelada por el periodista.

El diálogo entre Hill y Blatter vuelve a cobrar sentido tras el anuncio hecho el lunes por Europol: casi 700 partidos en todo el mundo -380 de ellos en Europa- sospechosos de haber sido manipulados por las mafias de apuestas ilegales provenientes de Asia.

El anuncio de Europol implica el reconocimiento de que el problema no está en lo que suceda con empresas como bwin o betfair, muy controladas a esta altura y con un caudal de apuestas comparativamente menor si se las contrapone con lo que se genera desde Asia.

Las federaciones deportivas internacionales parecen ir, con demasiada frecuencia, muy por detrás de las mafias. Así, el tenis presentó en forma pomposa hace ya años su «Unidad de Integridad», y una de las primeras medidas fue la de prohibir laptops en las tribunas de los torneos para impedir que desde allí se canalizara la información a las mafias. El inmediato «boom» de los smartphones pronto superó esa, en cierta forma, candorosa medida.

«Hay que adaptarse a las nuevas tecnologías», dijo a dpa Nicola Arzani, vicepresidente de la ATP, que cuenta en cada torneo con un grupo de gente encargada de ver si en las tribunas o en cualquier cancha que se esté jugando hay alguien «pegado» a su teléfono y enviando en vivo información.

Más allá de los intentos, es sabido que en el tenis se apuesta a todo y todo el tiempo, y que el problema no está en el «live scoring».

«Todos saben» que se arreglan partidos, dijo años atrás el británico Andy Murray antes de retractarse. Desde quién lo gana hasta cuántos juegos se disputarán, pasando por quién servirá en el juego de apertura, quién pegará el primer smash o de qué color serán los calcetines de determinado jugador.

Pese a los documentos que firman los jugadores antes del inicio de cada temporada, es imposible evitar el flujo de información hacia parientes o amigos en sus respectivos países. O parientes y amigos de sus entrenadores, fisioterapeutas o preparadores físicos. La posibilidad de ganar dinero sin mover el dedo más que un par de veces es muy tentadora.

Lo es también en el cricket -deporte de primer orden en Asia- que vio a tres jugadores estrella en la cárcel en el Reino Unido en 2011. «El negocio de las apuestas de cricket en India es más grande que el del tráfico de drogas», dijo Murali Krishnan, periodista de Indio-Asian News Service, dos años atrás durante un encuentro organizado por la Unión Europea (UE) en Budapest para debatir el lado oscuro del deporte.

Lógicamente, también hay graves problemas en el fútbol, el deporte más popular del mundo.

Cualquiera que se acerque a partidos de la segunda división en Bélgica, Dinamarca u otras Ligas menores verá, asegura Hill, «200 ó 300 personas en las gradas y, en una esquina, a chinos hablando por sus teléfonos móviles directamente con Shanghai, pasando cada detalle».

Interpolación indebida:

En este punto, queremos compartir la opinión de un particular sobre este tema: Que haya chicos enviando información desde su móvil a los «bookies» no tiene nada de ilegal. Lo que hacen es enviar información en vivo de partidos de competiciones menores (y muy menores) a sus compañías para que estas puedan ofrecer mayores mercados de apuestas, puesto que ahora pueden ofrecer resultados de la primera y segunda parte, cartulinas amarillas/rojas, quien marca primero o último y un largo etc. Este artículo lo está mezclando todo, cuando los chicos éstos y las compañías de apuestas lo hacen todo legal, el problema son las apuestas ilegales y los deportistas codiciosos y de poca integridad.

Si un deportista es cazado apostando en betfair o bwin con información privilegiada se trata, grafica Hill, «simplemente de un estúpido».

Durante aquel encuentro en Budapest había alguien muy alarmado: David Howman, el director general de la AMA (Agencia Mundial Antidoping).

«El submundo de la criminalidad está fuertemente infiltrado en el deporte. Si no se lo controla amenazará seriamente el futuro del deporte moderno», dijo el neozelandés.

«El gran problema es que la criminalidad hace más dinero traficando con esteroides que con heroína», añadió, ampliando el foco sobre los problemas del deporte.

Hill tampoco fue complaciente en su análisis: «Estamos a entre tres y cinco años de que el deporte en Europa sea destruido». Y aquella afirmación fue hecha hace dos años.

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