ADELSON CONOCE A LOS CHINOS.

LOS CHINOS ESPERAN A ADELSON.

Son los mayores clientes de los casinos de Madrid, juegan compulsivamente y hasta los crupiers estudian su lengua

El ocho y el seis son sus números favoritos, mientras que el cuatro les gusta bastante menos. El negro tampoco les inspira mucha confianza. Y, justo lo contrario, el rojo. En los casinos españoles son muy conscientes de las costumbres y las supersticiones de los chinos, porque de ello depende su futuro. Como todos los negocios en España, también están sufriendo la crisis y en alguno de ellos se está ejecutando un ERE a la plantilla, por el que se van al paro unos meses y trabajan el resto. La situación es delicada y lo sería mucho más si no fuera porque parte de la comunidad china decide divertirse y gastarse algunos euros que ganan tras sus interminables horas de trabajo en las salas de azar.
En uno de los casinos de Madrid hablan de un porcentaje de hasta un 40 por ciento de chinos entre sus clientes, en otro lo rebajan al 20, pero en casi todos los locales de juegos de azar de España dicen que, después de los españoles, son los chinos los que más van a sus instalaciones. «En la Comunidad de Madrid hay censados más de 21.000 ciudadanos chinos, lo que hace que esta comunidad tenga una amplia representación en toda nuestra oferta. A esto sumamos que los ciudadanos chinos tienen el juego muy arraigado a sus costumbres, formando parte de su cultura», aseguran desde la empresa Casinos Comar.
En el casino encuentran un lugar de ocio, agradable, donde se les atiende y donde no es necesario conocer el idioma para poder participar. Además confían en sus habilidades matemáticas para dotar de lógica, y ganar, al azar. «Sí, nos gusta jugar, y algunos chinos van casi todos los días y pierden mucho dinero. Ni siquiera se lo dicen a su mujer», dice un representante de la asociación española de chinos empresarios. «Yo no juego –añade Zhong Jing Yang, empresario chino en el País Vasco–, pero es verdad que si no conoces el idioma, el casino es un sitio agradable, donde no hace falta mucha comunicación». Los chinos, que hasta hace poco vivían sin vergüenza su afición al juego, últimamente ponen excusas o intentan justificar que ése sea el ocio que más les divierte. Como si se avergonzasen, aunque son la décima comunidad en número de inmigrantes en España, pero la primera después de los españoles, en visitar los casinos.
Adelson tiene experiencia en cómo atraer a los jugadores chinos a sus casinos y conseguir que se dejen el dinero. El empresario copió su negocio de Las Vegas en Macao. Por esos casinos pasaron el año pasado cerca de 30 millones de turistas, de los cuales al menos la mitad provenían de la República Popular China. Ellos son, además, los que más apuestan y de allí procede el 93 por ciento de las «ballenas» (los grandes jugadores). El botín es suculento. Macao generó en 2011 unos 26.000 millones de euros, cuatro veces más que en Las Vegas y un 42,2 por ciento más que el año anterior.
Con la llegada del estadounidense a Madrid con Eurovegas, los casinos españoles sienten que puede aumentar la competencia, pero también que puede ayudar a revitalizar un mercado que necesita la alegría económica de los consumidores para sobrevivir. Aunque saben que Adelson les supera en su capacidad para atraer a ese mundo.
La pasión asiática por el juego es un fenómeno antiguo y bien estudiado. Los historiadores han encontrado evidencias al respecto en los primeros compases de la civilización china, 2.000 años antes de Cristo. Desde entonces, sucesivos imperios, incluido el comunista, han intentando ponerle freno a una obsesión que se ha llevado por delante patrimonios familiares e institucionales
«Está en nuestra sangre», dice Jie, la profesora del Instituto Confucio, que dio clases de chino a los empleados del casino de Valencia. En España están probando casi todo. «Adquirimos nociones del idioma y de su cultura. También del protocolo para conocer a una persona, para lograr una confianza mutua. Fue una acción para establecernos en el mercado chino, que es muy importante para nosotros», asegura Javier Gutiérrez, director comercial del casino de Valencia. Cada casino hace lo que puede para conseguir agradar al cliente, aunque a veces ocultan sus trucos. En Madrid, no se les suele cobrar la entrada y casi todos hacen grandes fiestas el día de año nuevo chino. O ya hay alguna recepcionista o un crupier chino para atender mejor.
De las tragaperras al casino
En España es habitual ver a los chinos sentados delante de las máquinas tragaperras de cualquier bar y, en muchas ocasiones, ganar el premio gordo, como si tuvieran una especial habilidad para detectar el momento en que va a saltar el premio que estaban esperando. Son muchas las leyendas que hablan sobre la habilidad de los chinos delante de estas máquinas. También eran habituales las apuestas secretas que los chinos hacían escondidos y, como sucedía en Madrid, molestando a los vecinos por el ruido.
El gran logro de los casinos españoles es haber sacado a la luz todas esas pequeñas timbas y llevarse el beneficio. Si los chinos tienen entrada gratis en los casinos, si les organizan fiestas, se preocupan por aprender su idioma y se respetan sus costumbres, como servirles agua caliente y leche caliente, se sienten a gusto en los casinos y no necesitan organizar sus propios juegos. Ese paso ya se ha dado en España: el siguiente, el que va a protagonizar Adelson, es más bien un salto. Hasta ahora, los casinos españoles vivían de la colonia de chinos instalados en España. Adelson no tiene fronteras. El ex ministro Sebastián, que asegura que animó al estadounidense a invertir en España, afirmó en el programa «Espejo Público» que «el turismo mundial va a venir de China, la India o Rusia y el turismo de sol y playa y paella no va a funcionar para los turistas chinos. Tenemos que ir a un modelo que a ellos les guste y les gusta el fútbol, las compras y el juego. Con un proyecto como éste, vendrán». En su estudio sobre cómo España debe tratar el turismo chino, Daniel Tomás Gaimundiz dice que «el destino de juego por excelencia para los turistas chinos es Macao y, en menor medida, Las Vegas, que han sabido desarrollar una oferta totalmente al gusto de los consumidores chinos. No obstante, no será extraño que algunos turistas aprovechen su estancia en el país para visitar casinos o salas de juego».
Gaimundiz apunta que los casinos deberían dejar un espacio para que los chinos hagan sus ofrendas; que, además puede que eviten entrar por la entrada principal, por lo que es bueno contar con una entrada secundaria que puedan utilizarla». «Muchos –añade– pueden llegar a jugar hasta 24 o 48 horas seguidas». Cuando los dueños de los casinos lo leen, no pueden dejar de sentir un leve escalofrío de placer.
larazon.es

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