DESTITUYEN A SENADOR VINCULADO CON EL JUEGO ILEGAL

EN BRASIL CONSIDERARON PROBADOS LOS CARGOS

Demóstenes Torres en el momento de testificar.

El senador Demóstenes Torres, principal implicado en el gran escándalo de corrupción que relacionaba a un capo del juego ilegal brasileño con diversos políticos, ha sido cesado por 56 votos a favor y 19 en contra del senado al que pertenecía.

La condición secreta del voto no protegió finalmente a Torres, otrora gran abanderado de la lucha contra la corrupción y que ya se vio forzado a abandonar su partido (DEM) cuando, a finales de abril, su nombre salió a la luz directamente relacionado con el caso.

Tres meses después de que se abriera la Comisión Parlamentaria de Investigación, los miembros de la cámara alta consideraron «probados» los lazos de Demóstenes con el juego ilegal. El encargado de pedir su salida, el senador Humberto Costa (del gobernante PT) se mostró contundente defendiendo la sentencia, que impide a Torres presentarse a elecciones o ejercer cargos públicos hasta 2027. «Tenemos que hacer justicia. Un senador tiene que defender el interés público, buscar el bien común y evitar la seducción del interés privado. Quien juzga somos nosotros, pero quien le condena es su pasado».

Se trata del segundo senador en la historia de la cámara de Brasil en ser destituido por corrupción. Como suele ocurrir en estos casos, el susodicho denunció una «persecución» por parte de políticos y medios de comunicación y lamentó haber sido tratado como un «perro sarnoso», así como defendió haber probado su «inocencia» y reclamó su derecho a ser juzgado por el Poder Judicial.

En ese caso, seguramente, su abogado podría recurrir a la ilegalidad de las grabaciones que le delataron en su día. En ellas, Demóstenes conversa en tono amistoso con Carlinhos Cachoeira, capo del juego ilegal detenido en abril, y le explica que va a intentar impedir que prospere una ley que convertiría en crimen delitos menores como algunos de los relacionados con el juego ilegal.

Diversidad de opiniones

La prensa y la opinión pública brasileña viven destituciones como la del senador o la de los siete ministros que cayeron por ser relacionados con la corrupción con una doble lectura. Por un lado, celebran que se empiece a hacer justicia con un mal endémico demasiado instaurado en la vida pública del país.

Por el otro, el constante influjo de implicaciones constata que el parásito está muy instaurado en las altas esferas del poder. Y todo eso sucede a la espera de que se juzgue y se depuren responsabilidades con respecto al gran escándalo del Mensalão, que tuvo lugar durante el mandato de Lula y denunciaba la compra de votos de algunos parlamentarios.

elmundo.es

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