PERO SOBRE LA ESTATIZACIÓN DEL JUEGO, NO HAY NADA
En este mismo sitio informamos que sería presentado un proyecto para estatizar el juego en la provincia de Buenos Aires. Como título, nos preguntábamos si era puro ruido o habría algunas nueces. Las nueces todavía no aparecen, pero los dispuestos a hacer ruido, sobran.
Según parece, el gobierno estaría analizando la posibilidad de estatizar el juego. Tema sensible sobre el que tendríamos que poner la lupa en este sitio. Ocurre que la información que circula nos imposibilita la misión de, precisamente, informar con seriedad.
No es ningún secreto que los medios periodísticos son desde siempre -lo hemos dicho también en este sitio- empresas comerciales. Y como tales tienen como objetivo ganar dinero. Así de simple. La diferencia fundamental entre unos y otros es la manera en que ese fin se persigue. Algunos, tal vez los menos, hacen culto del buen gusto informativo, de la prosecución de la verdad y la veracidad informativa con respeto a sus lectores, para convencer a los consumidores de los beneficios de informarse y formarse con su palabra. Los otros, tal vez los más, son los que no les tiembla la pluma para tergiversar, esconder e incluso mentir descaradamente, con el claro fin de influir a la opinión pública, presionar al poder político y hacer lobby por sus intereses económicos.
Cuenta la leyenda que Joseph Pulitzer -de quien toma el nombre el más prestigioso premio del periodismo- en ocasión de la guerra hispano-americana puso su periódico al servicio de los intereses de grupos económicos. Cuando el dibujante que tenía destinado a cubrir los hechos (no existía la fotografía en los medios gráficos) le hizo saber que lo que el diario publicaba no se ajustaba a la verdad, Pulitzer le dijo: _“Usted haga los dibujos, que yo hago la guerra”. Así estamos.
Sirva todo este introito para decir que en estos días los grandes medios tomaron el tema de la estatización del juego para -precisamente- jugar al juego que mejor juegan: hacer mucho ruido para alentar, entre otros, el ruido de las cacerolas. Entre dimes y diretes, el uso de verbos en tiempos potenciales y fuentes jamás identificadas, han informado una cantidad de cosas que no nos animamos a publicar. Porque podrían ser ciertas como podrían ser puro cuento, usando los potenciales que recién criticamos.
A excepción de enterarnos de que los que ayer eran muy malos hoy ya son casi buenos porque “estarían” alejándose del gobierno (basta ver el trato que recibe el empresario Cristobal López en estos artículos) y de fogonear otro motivo de enemistad con España, no podemos sacar nada más en claro. Porque si jugamos al bowling, tiramos la bocha por la canaleta y entonces resulta que ahora gana el que le emboca al surco… no es serio. Si estatizan, será ambición, corrupción y necesidad de caja. Si se deja en mano de los privados, serán favores a delincuentes amigos, corrupción y actitudes para nada “revolucionarias” (como reclama el diputado Martello, de la Coalición Cívica). De esta forma de hacer periodismo, lamentablemente, no podemos sacar nada en limpio para trasmitirle. Porque no se detiene a investigar la verdad y -por si acaso alguien lo supone- también está muy lejos de ser periodismo de opinión.
Así es que, amigo lector, esperemos a que los acontecimientos se esclarezcan, que aparezcan las voces que tienen que aparecer dando alguna información concreta o que al menos el mencionado proyecto se presente. El tema planteado tiene la suficiente gravedad y seriedad como para ser tratado seriamente y no con trascendidos, versiones y dichos de gente que no se sabe quienes son. Dejamos este trabajo para algunos tipos que se dicen periodistas y cobran buenos dividendos para funcionar como oficina de rumores por un lado, para cobrarles después a otros por contarles esos mismos trascendidos como si fueran secretos de estado. A veces me dan envidia, mira…
Rubén Parra
