PARTICIPACIÓN EN EL CONGRESO DE ANESAR

Por Juan Ferrer Alpera
En el congreso de ANESAR no echó mano de circunloquios ni se enredó con peroratas. Dijo que hay sobreoferta de juego y abogó por menos regulación y mayor capacidad de maniobra para el empresario.
Javier Artajo, responsable del juego en Aragón, no es partidario de la notoriedad pública, ni amigo de las fotos por las que algunos se pirran, ni persona que guste de la coba. Artajo es un tipo sencillote, que no se anda con rodeos a la hora de abordar los problemas y que va de cara.
En el congreso de ANESAR para hablar de los salones Javier Artajo llevó a la mesa un aire fresco. No echó mano de circunloquios ni se enredó con peroratas. Dijo que hay sobreoferta de juego y no hizo sino constatar una realidad aumentada con la regulación online. Y abogó por menos regulación y mayor capacidad de maniobra para el empresario, poniendo el dedo en la llaga de la principal herida del sector.
Lo manifestó sin cortarse un pelo Artajo: Aquí, en España, si queremos que el juego presencial sobreviva, o sea rentable que es lo mismo, tenemos que ir eliminando exigencias, trabas burocráticas, controles innecesarios y excesivas disposiciones que atenazan a todos los subsectores e incapacitan en la práctica a sus empresarios para gerenciar la marcha de sus negocios. Aquí hay que despojar a los reglamentos de la caspa que arrastran desde la tolerancia. Aquí los operadores deben de gozar de la oportunidad de funcionar en un escenario perfectamente normalizado y no con la sombra del control policial acechando sus movimientos. Aquí no hay que trabajar con la amenaza de la sanción, hasta por la infracción más pueril, pendiente de la cabeza de los empresarios. Estamos en el siglo XXI y el polvo acumulado por las regulaciones conviene sacudirlo para lograr la imprescindible actualización.
Artajo se ganó el reconocimiento de los congresistas de ANESAR por el hecho de airear sin tapujos una realidad incontestable. Por proclamar algo que otros callan o eluden o abordan con tibieza. Por apostar por una liberalización sectorial que permita, que es lo menos que puede pedirse, una cierta amplitud de maniobra para el empresario del juego. Que si no la tiene, como sucede hoy, no merece llamarse empresario porque se convierte en una mera correa de transmisión de la Administración de turno.
Cuando escucho palabras y razonamientos como los expuestos por Javier Artajo pienso que estamos en el camino, en una senda que nos llevará a un futuro del juego sencillamente racionalizado, sin más. Pero miro por el retrovisor y me acuerdo que hace tres días un personajillo de la Administración amedrentó a un empresario porque nos había filtrado una información. Y otro amenazó con represalias a un operador si no cesaba en sus reivindicaciones. Resumiendo: puro tratamiento policial. ¿ A qué estamos jugando?. ¿A futuro o nos quedamos en el pasado?.
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