LOS FEOS, SUCIOS Y MALOS

OTRA VEZ PROPONEN MEDIDAS CONTRA EL SECTOR

Como cualquier otra actividad, el juego también lleva implícito un riesgo. En nuestro caso, es la ludopatía. Por tal motivo, se ha presentado un proyecto de ley para prohibir la publicidad del juego de azar en cualquiera de sus expresiones. Y a consecuencia del destrato que ha sufrido esta industria durante muchísimos años, sorprendentemente nos suena hasta razonable semejante propuesta. Sin embargo, es hora de que nos detengamos a pensar un poco.

¿Por qué no nos suenan mal al oído estas cuestiones?. Las respuestas deberíamos ir a buscarlas removiendo un poco la historia: En los albores de la cinematografía estadounidense, las empresas tabacaleras invirtieron dinero en la producción de películas y lograron imponer el cigarrillo a través de la imagen que el cine dio de él. Humphrey Bogart, Rita Hayworth, eran los modelos a seguir. Evidentemente no hicieron lo mismo los pioneros de nuestro sector, ya que siempre quedamos asociados a los feos, sucios y malos de las películas. Una imagen que nos persigue hasta hoy, sin por esto negar que algún personaje siniestro haya habido en aquel momento y ahora. Como en cualquier actividad. Sin embargo, pegarle al juego es lo que paga mejores dividendos.

No es aquí donde debemos explicar ni cuantificar lo que significa esta industria para la economía de un país. Tampoco que es una de las pocas que hace -y mucho- por evitar los efectos indeseados que pueda provocar. ¿O alguien sabe de algún centro de alcohólicos anónimos financiado por una bodega?. Un poco más osado tal vez sería afirmar que el juego contribuye a la salud mental de la población por ser -en esencia- un divertimento.

Pero lo que aquí queremos resaltar es el absurdo de la medida propuesta.

Nos guste o no, el mundo funciona como funciona. Si alguien me preguntara, yo preferiría que no existan las fronteras, las religiones ni las clases sociales y que todos vayamos por las calles regalándonos flores. Pero no es así.

En ese contexto, en esa realidad, el mercado necesita de la publicidad para comunicar. Prohibir la publicidad de un producto o servicio porque tiene algún efecto indeseado es, por lo menos, difícil de digerir. ¡Hay publicidad de armas, señores!

Así, propongamos que se prohiba la publicidad de caramelos porque traen caries; de las hamburguesas porque la gente se muere por el colesterol; de los autos porque algún loco va a 180 km por hora matando gente y porque contaminan; de los comercios y shopping porque hay adictos a las compras… y siguen las firmas. A todas luces, esto es ridículo. Como es de ridículo prohibir la publicidad del juego.

Un aparte merece la prohibición de la publicidad de los cigarrillos: Como profesional de la publicidad, estoy en contra también de esta medida, por diversas razones que no vienen a cuento. Debemos aceptar, sin embargo, que el cigarrillo siempre hace mal, aunque sea una pitada. Por poquísimo que sea el daño, el daño existe. En el juego e -insistimos- en casi cualquier otra actividad o cualquier otro consumo, el daño se produce por el abuso. Sospecho que hasta el exceso del consumo de lechuga debe provocar algún daño.

En definitiva, que sólo pretendemos llamar la atención sobre estas cuestiones. Y abrir el debate si es posible. Como medio de comunicación del sector, es nuestra obligación hacerlo, más allá de publicar la notita y listo. O por lo menos, así lo entendemos.

Rubén Parra

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