MUESTRA PARISINA SOBRE LA HISTORIA DEL JUEGO

Una muestra en París recorre el universo de los juegos en las civilizaciones de la Antigüedad, desde Babilonia a al Occidente medieval, pasando por la China imperial o el Antiguo Egipto, en un viaje a los orígenes del entretenimiento.

Desde mañana y hasta el próximo 4 de marzo, los altos muros de la abadía de Cluny, donde se encuentra el museo medieval de París, alojan una colección de 250 piezas que acercan al visitante al origen de juegos nacidos incluso hace varios milenios y que persisten aún hoy, como el ajedrez o el backgammon.
«El hombre ha jugado desde que existe», aseguró a Efe la conservadora del Museo Cluny y comisaria de la exposición, Isabelle Bardiès-Fronty, quien cree que la vertiente lúdica es inherente al ser humano porque «forma parte de nuestra naturaleza profunda».
En efecto, existen piedras pintadas procedentes de la Prehistoria que apuntan a la existencia de los primeros juegos, confirmó su colega Anne-Elisabeth Dunn-Vaturi.
La segunda comisaria de la muestra destacó que el juego, nacido con vocación de entretenimiento, pronto adquirió una dimensión simbólica «muy significativa», aplicándose a los ritos funerarios o a las artes adivinatorias.
Desde muy pronto, los juegos se construyeron «como una alegoría del mundo en la que aparecían figuras como el rey o el guerrero, con las prerrogativas que estos tenían en la vida real», continuó Dunn-Vaturi.
Y en este sentido, las normas también se impusieron de acuerdo con las reglas tácitas que regían en el mundo real, como el principio de competitividad o el componente del azar, indicó.
La exposición presenta ante el espectador la dicotomía entre el juego de azar y el juego de estrategia, dos clases de entretenimiento enfrentados no sólo en el plano lúdico, sino también en el plano moral y casi en el metafísico.
En efecto, cuando los juegos, en su mayoría procedentes de Oriente Próximo y de Asia, se implantaron en la Europa medieval, la Iglesia católica tomó partido, tolerando aquellos estratégicos y jerarquizados como el ajedrez, al tiempo que arremetía contra los de azar que, a sus ojos, conducían al vicio y a la perdición.
Además, este segundo tipo se asoció pronto a las artes adivinatorias, como el tarot, lo que alejaba aún más de los preceptos eclesiásticos.
La exposición también explora otros dos aspectos ligados al juego y opuestos entre sí: el combate bélico, en el que se debe ganar a toda costa, y el amoroso, en el que merece la pena perder.
Varias pinturas salpican el recorrido de la muestra, llamada «El arte del juego, el juego en el arte», para reflejar esas relaciones entre el amor y la guerra presentes en él.
En suma, la muestra ilustra la influencia recíproca del arte y el juego a través de piezas, cuadros y manuscritos de las más diversas procedencias.
Así, algunas han sido conservadas, «literalmente, con devoción», como las piezas de ajedrez de Carlomagno, guardadas durante siglos por una iglesia en Italia, y otras cuya recuperación se debe a los arqueólogos», señaló Bardiès-Fronty.
Muchos de esos juegos son tan antiguos que para conocer sus reglas ha sido necesario recurrir a la etnografía para interpretarlos.
Por ejemplo, para descifrar el funcionamiento del «mehen» o «juego de la serpiente», nacido en Egipto en el IV milenio antes de Cristo y desaparecido hace 2.000 años, se acudió a un juego aún presente en la actualidad en Sudán.
Como apuntó la conservadora de Cluny, la exhibición evidencia que, pese al transcurso de miles de años, algunas cosas no han cambiado en la esencia, y que incluso con la llegada de internet, los videojuegos y la realidad virtual, juegos ancestrales como el ajedrez, concebido en la India en el siglo VI, siguen vigentes.
terra.com

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