Derrumban el Hotel Riviera en Las Vegas

El Hotel Riviera pasó por varias cirugías para renovarse con los tiempos, y pese a no estar tan cerca de lo que se considera el “downtown” (Flamingo, Caesars Palace, Mirage y en ese tiempo el Dunes y el Sands, convertidos ahora en el Bellagio y el Venetian), se ubica en el Strip -la franja denominada Las Vegas Boulevard- frente al Circus-Circus, el primer casino que incorpora números circenses, permitiendo así a los papás apostadores tener a sus hijos cerca y con autorización.

Cómodo, amplio, bien distribuido con sus áreas para shopping y sus famosos “brunchs”, período entre el almuerzo y la comida que no es ni “breakfast” ni “lunch”, bañados generosamente en sus fuentes de champán.

El hotel fue construido por mafiosos entre los 50s y 60s, en que andar en Las Vegas aún era un riesgo; pero su lista de entretenedores rivalizaba con cualquiera: Sinatra, Streisand en sus inicios, Dean Martin, Sammy Davis Jr., y lo administraba Ross Miller con puño de hierro, especialmente para los tramposos.

En su tiempo hizo mucho ruido: el famoso pianista Liberace lo inaugura en abril 20, 1955, con la ganadora del Oscar Joan Crawford como anfitriona, y aunque inicialmente no dio mucha ganancia, siempre fue un sitio entretenido.

El área de juegos de azar conocido como “The Tangiers” (como en Tánger, la ciudad norafricana) es la que inspira al novelista Nicolas Pileggi su serie de historias: Buenos Muchachos (’90), Casino (’95), ambas de Scorsese, y la serie Vegas (2013-14).

Ayer martes 14 de junio, la primera de dos implosiones hizo lugar para el proyecto detenido por algunos años: el Centro de Convenciones de Las Vegas, que ocupará terrenos vastos en ambos lados del Strip a un costo de U$1.4 billones.

Pero el “boom” de hoteles estaba más al centro, hacia el norte y prácticamente al borde del aeropuerto. Vendrían el Tropicana, el Excalibur, el nuevo MGM Grand (el anterior se incendió misteriosamente en los 70s y en su sitio se erigió el Bally’s), y más acá en el tiempo, el espectacular New York New York, el Luxor, el Mandalay…

Ubicado hacia el sur de la franja, rumbo al downtown que huele a viejo, el hotel sufrió tres bancarrotas, y las administraciones de mafiosos, con sus triquiñuelas y competencia que derivaba en batallas de pandillas (a la pareja de administradores que tras el asesinato de Bugsy Siegel en 1947 puso Mayer Lansky, los hallaron con las gargantas cercenadas).

Por ello, los futuros managers fueron más cuidadosos.

Pero el Riviera rebosaba clase. Algunas de sus bailarinas, inmortalizadas sus espaldas en bronce en uno de los accesos del hotel y parte del famoso show de las “Crazy girls” (Chicas locas), se hicieron famosas. Su notoria fachada de neón es de las más llamativas en la historia de Vegas, y la clientela vestía con elegancia, lejos de las bermudas, los shorts y las sandalias que usan hoy (en mi viaje reciente, chicas en bikini entoalladas, se paseaban por el casino del Flamingo, recién salidas de la alberca.)

Pero El Riviera hace una transición dolorosa cuando los hoteles se hacen temáticos (el NY NY, Luxor, Venetian) y compiten en lujo y amplitud.

Con 2,100 habitaciones, remozadas hace una década, y su relativa lejanía del centro de la actividad alrededor del Bellagio, el Paris-Vegas, y aún el ya viejo Caesars, y la capacidad del más cercano Venetian (7,000 cuartos entre éste y su gemelo Palazzo), el MGM con 5,500 cuartos más tres edificios de condominio y áreas VIP, el Riviera palideció. Sus tarifas Tres Estrellas bajaron (podían costar hace poco hasta U$30, contra los U$100 del Flamingo o los hasta U$2,500 de los demás Cinco Estrellas). El Riviera no envejeció particularmente bien.

Una ex Crazy Girl, que luego bailó en Broadway, Elsie Gillis, comentaba la noche previa en su cafetería que al día siguiente sería víctima de la implosión: “Nada dura para siempre, pero recuerdo cuando esto era el sitio donde debías estar.”

elarsenal.net

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