El Casino cumple diez años en el centro de la escena santafesina

Sí: pasaron diez años desde la instalación del Casino en el centro mismo de la ciudad capital. Técnicamente, el décimo aniversario será en agosto de 2018, pero la decisión de instalarse en el Puerto y en la ciudad -ambos, muy distintos a cómo los percibimos ahora- ya estaba tomada hace una década. Es hora de repasar qué cosas aportó y aporta este complejo de entretenimiento a la ciudad y a la región. Difícilmente encontremos otro actor tan preponderante y con tanta capacidad para motorizar proyectos en tan poco tiempo.

Los números “redondos” invitan a la mirada retrospectiva: el Casino de Santa Fe cumple en 2018 diez años de presencia en el centro mismo de la ciudad. No hay que esquivar el convite: ¿qué aportó el Casino a la ciudad y a la región en diez años? A priori, y antes de encarar esta nota, tenía para mí que se trataba de un actor importante. Incluso determinante en ese rol de recuperar la autoestima de una ciudad que venía castigada por inundaciones crueles y que no se animaba a ir por más. Pero, números “duros” en mano, esa intuición se transforma en certeza.

Primero, hay que poner en contexto las cosas. En 2008 Santa Fe recién empezaba a reagrupar sus mejores fuerzas para tratar de salir del mazazo de la inundación del Salado, y una serie de gestiones municipales que no lideraban un proyecto de ciudad capital de la segunda provincia en importancia del país. Se fueron dando pasos, es cierto. El radicalismo aportó -con Barletta primero, con Corral después- una mirada diferente en el sentido de terminar con la queja y la mirada pequeña, reforzar la autoestima e imaginar una ciudad diferente. Era quizás la obligación del momento: poner de pie a una ciudad de rodillas, quebrada. Pero para los actores privados, parecía entonces una osadía invertir en esa ciudad.

El Casino lo hizo, apostando fuerte y asumiendo el reto de instalarse en el centro mismo de la escena. En el centro: Santa Fe, cuadras más, cuadras menos, arrancó ahí siglos atrás. Y ahí se instaló el Casino, un actor nuevo. Y lo hizo con autoridad, con potencia y con potencialidad (ambas perviven hoy mismo: es un grupo poderoso que da empleo y motoriza proyectos con derrame al resto de la sociedad; y sigue manteniendo una altísima potencialidad para hacer más y mejores cosas) y también, viendo ya “el diario del lunes” (este gran momento del Casino y sus emprendimientos asociados), con naturalidad. Porque el santafesino asumió con naturalidad la presencia del complejo y se apropió de él: lo hizo suyo.

Hasta entonces, los santafesinos desfilaron por años hacia Paraná -u otros destinos- para “jugar”, para tener la opción de entretenimiento que llamamos “juego”, negada la posibilidad de hacerlo aquí. Y no hay en esa aseveración nada inocente: esos fondos se iban de la zona y hoy se vuelcan en nuestra misma ciudad, se transforman en impuestos, que se transforman en políticas, y todos los etcéteras -y los peros- que quieran…

Algo de eso entrevé también en su análisis o en su balance Rodolfo Alico, gerente comercial de Casino Santa Fe: “Nosotros estamos -afirma enfático- en el centro del ring, damos la pelea desde el centro mismo del ring. Nosotros somos el Casino de Santa Fe. El casino de Rosario no es el casino de Rosario; es el City Center. Ningún rosarino siente que ese espacio de entretenimiento es parte de la ciudad. De hecho casi no está en la ciudad. El hecho de haber determinado -nosotros- estar en el centro de la ciudad y de participar activamente de las actividades de la ciudad, es una decisión estratégica. Hubiésemos podido decidir en su momento establecernos en la ruta 168, donde de hecho teníamos un socio, Paseo del Sol en ese entonces, y haber hecho un desarrollo diferente. Sin embargo vinimos a este sitio, que era muy distinto sólo quince años atrás. Todavía estaba el murallón que delimitaba la zona portuaria y que se decidió tumbar en la época de Obeid. Este sitio -por el emplazamiento del Casino y del hotel Los Silos- era un nido de ratas, un silo abandonado…”.

Lo que viene

Hay que poner también ahora en contexto lo que viene. El Casino de Santa Fe, a diferencia de los de destino (como puede ser el de Melincué, que pertenece a la misma organización y que este año ya cumplió sus diez años), es un Casino de ciudad. Y, se ha dicho, del centro de la ciudad. Los complejos de ciudad se instalan rápidamente -a diferencia de los de destino-; pero también importa cómo se decide esa integración. En el caso del complejo santafesino, claramente se trató de una propuesta de puertas abiertas.

El sector en donde está el Casino, el de más crecimiento y el de mayor valor inmobiliario de la ciudad, en breve tendrá también, en el Dique 2, al Hilton, esto es, otro hotel de cinco estrellas de una cadena internacional prestigiosa.

En Casino Santa Fe no lo ven como competencia (“competencia es Rosario, es Córdoba”, sostiene Alico), sino como la posibilidad de sumar prestaciones, plazas hoteleras, cubiertos, cuatro o cinco salones para reuniones en simultáneo en el mismo sitio.

Alico lo ve claro: “La ciudad tiene mucho para crecer en esta línea, con el aeropuerto funcionando y con más conectividad, más plazas hoteleras, mano de obra calificada, polo universitario con el que deberíamos tener más sinergia. Como organización queremos una mirada más integrativa y de segunda ola. Esto ya está instalado en la ciudad, tenemos que ir por más”.

Entre ese “ir por más” está la pesca de congresos. Es decir ver dónde y cómo estamos yendo a buscar, cómo mostramos y ofrecemos el posicionamiento del conglomerado de la ciudad.

Hacia una segunda ola

Alico, además de brindar cifras impactantes sobre la importancia del Casino en la trama emprendedora de la ciudad (basta decir que genera más de 500 empleos directos), cree además que estamos en presencia de otro momento histórico, en la antesala de una suerte de “segunda ola”, esto es, ya de pie y marchando Santa Fe, recibiendo inversiones o adquiriendo mayor visibilidad y escala, es momento de reagrupar a los actores oficiales y privados y avanzar hacia nuevos objetivos, más ambiciosos.

Bueno, pero hubo grados de sinergia altos, donde se sintió traccionar juntos a ustedes, a otros privados y a lo público, le decimos a Alico. “Creo que en 2008 -responde- veníamos de un segundo proceso de inundación, con la ciudad golpeadísima, y allí hubo un proceso importante, significativo de recuperación de la autoestima, acompañado también por inversiones del Estado -defensas, costanera-, que significaron un empuje conjunto. Después, claro, aparecen cuestiones mínimas, de coyuntura”.

“Este décimo aniversario -sostiene Alico- abre una segunda etapa del proyecto, absolutamente consolidado, porque ya somos parte de la historia de la gente. Es hora de una nueva etapa de la relación entre la organización y la comunidad y eso desde luego incluye otros actores, todos los actores que quieren una Santa Fe grande. No nos sentimos solos en ese recorrido: está Marinas, Amarras, por nombrar sólo algunos, estuvieron los gobiernos municipal y provincial, están las iniciativas de otros privados. Con todos, hay que apuntar a más, reposicionar a la ciudad, imaginar otros objetivos. Como ciudad y como región podemos dar todavía mucho más”.

Rodolfo Alico está convencido que, a diferencia de diez años atrás, cuando había que remar y pelear para levantar a la ciudad, hoy la situación se ve distinta y hay terreno para avanzar. En sus palabras: “Hay cosas que hay que hacer en conjunto, hay cosas que el privado solo no puede hacer ni el estado solo tampoco. Hoy tenemos la posibilidad de que el cluster haga crecer el genérico. Hay una nueva oportunidad, hay un nuevo amanecer, se vislumbra otra etapa. una buena oportunidad para hacer un corte e ir por más. Están dadas todas las condiciones. Hoy tenemos los jugadores y la cancha, hay que tener también la visión de jugar el partido”.

Números que impactan

A la hora de repasar lo que aporta el Casino a la ciudad y a la región -además con relativo bajo perfil y sin demasiado “autobombo”-, basta quizás con revisar los números de 2017 de la organización.
“Mirando hacia atrás y haciendo un resumen de estos diez años, tuvimos sólo en este año un 75 % del hotel ocupado, lo cual quiere decir que también tuvimos muchas veces el hotel al 100%. Son 30.000 huéspedes”, precisa Alico.

Y agrega: “Hicimos 118 eventos, 7 de ellos fueron congresos internacionales, 105 son corporativos y sólo 13 fueron “sociales”. Es decir que prácticamente no hemos hechos eventos sociales, porque hay en ese rubro otras ofertas en la ciudad y nosotros nos hemos cuidado de no competir ahí. Todos estos congresos convocaron a 14.000 asistentes. Todo esto con el aeropuerto cerrado”.

El gerente comercial del Casino indicó además que al complejo vinieron 3.000.000 de asistentes, y el 30% de ellos no son de la ciudad de Santa Fe, o sea que han venido a la ciudad desde otras localidades de la provincia o de otras provincias.

Si se habla de gastronomía, en el restorán del casino se hicieron 180.000 cubiertos en el año y en los restoranes de Dique 1 y Aleste otros 120.000. Esos más de 300.000 cubiertos -308.000, para ser exactos- a lo largo del año, es más que los 251.000 adultos que radican en la ciudad de Santa Fe.

“Esta ocupación y estos cubiertos son con las tarifas más altas de la ciudad. Y está bien que fuera así. Podríamos vender barato subsidiados por el tractor del entretenimiento. Pero sería injusto competirle a un alojamiento de tres estrellas o a otras ofertas gastronómicas de la ciudad. Es importante tener opciones y es importante que todos trabajen”.

En materia laboral, también los números de la organización impactan y difícilmente haya otro “privado” que tenga ese rango en una empresa de servicios: se trata de 514 personas empleadas de forma directa y otros 82 de forma indirecta, aunque permanente. Son casi 600 personas: 596 en total.

El casino y los restaurantes tuvieron unos 1500 proveedores activos el último año, la mitad de ellos son de la ciudad o de la región; el 40% es nacional y el 10% restante son internacionales.

Alico recuerda también que “tenemos certificaciones de calidad en cuatro niveles, ISO 9001 para el servicio de entretenimiento en casinos. Es decir, el pago de apuestas y la operación de juegos de azar y de marketing. Que una persona gane es cuestión de suerte, que te paguen, no. Está reglado y está certificado”.

Las otras certificaciones apuntan a Directrices de Spa por parte del Ministerio de Turismo de la Nación; IRAM Sectur 42.800 para el comedor Aleste (ese mojón de calidad en la Costanera Este, con una mirada distinta -y hermosa- de toda la ciudad) y Directrices de Accesibilidad, también del Ministerio de Turismo de la Nación.

En impuestos, lo dicho, el Casino de Santa Fe paga casi 450 millones de pesos en impuestos en la provincia y en el municipio.

Y, otro valor más, en estos diez años no hubo ningún incidente violento.

Néstor Fenoglio | nfenoglio@miradorprovincial.com

ellitoral.com

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