Ingresos brutos del casino de Ovalle aumentan 42% en enero

Un oasis de entretención en el Valle del Limarí: El diseño del complejo fue reconocido con el primer puesto del premio ISU (Innovación, Sustentabilidad y Urbanismo) en la categoría Hotelería y Urbanismo, otorgado por la Alianza Inmobiliaria, formada por la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), Portalinmobiliario.com, GfK Adimark, entre otros.

Lámparas y cubiertas de cobre, paredes con revestimientos de pirca, cerámica y chamantos típicos de la zona son algunos de los elementos característicos del Valle del Limarí que saltan a la vista en la decoración del Ovalle Casino & Resort. El complejo turístico —el más grande en su categoría en Ovalle—, comenzó a operar en agosto de 2016 y a seis meses de su puesta en marcha, han logrado insertarse en el paisaje visual de la localidad como si siempre hubieran estado ahí. “El objetivo era no chocar con el entorno, sino adaptarse a él y en definitiva, no hacer ruido y ser una pieza más del puzle. La integración era el objetivo y según lo que ha dicho la crítica especializada hasta ahora, lo hemos logrado”, asegura el gerente general del recinto, Juan Almagro.

Y es que el diseño del complejo fue reconocido durante el año pasado con el primer puesto del premio ISU (Innovación, Sustentabilidad y Urbanismo) en la categoría Hotelería y Urbanismo, otorgado por la Alianza Inmobiliaria, formada por la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), Portalinmobiliario.com, GfK Adimark, y el Departamento de Construcciones de la Universidad Católica.

Ahora, según revela Almagro, están postulando al premio internacional “Building of the Year” (o “Edificio del Año”), que entrega anualmente la revista internacional de arquitectura ArchDaily.

Tres museos y un observatorio incluye el complejo

Una inversión de cerca de US$ 50 millones fue necesaria para levantar los más de 16 mil metros cuadrados que conforman el resort y que de la mano del reconocido arquitecto chileno Patrick Turner, incluyó en su diseño un hotel cuatro estrellas de 78 habitaciones, un spa, tres restaurantes temáticos, un casino de juegos de azar, una cava de vinos, tres museos (del cactus, diaguita y del vino), un observatorio y un anfiteatro, dirigido a eventos culturales en la zona.

“El spa es único, es una gran suerte para el Valle del Límari contar con un complejo de este estilo. La gran mayoría de los clientes del spa son los del hotel, pero poco a poco hemos ido consiguiendo que acudan más a las instalaciones y también a comprar los productos que se venden de manera exclusiva en el lugar”, señala Almagro.

El ejecutivo destaca que la mayor parte del público que visita el complejo (que durante la temporada alta ronda las 200 visitas diarias), es justamente de Ovalle, y le siguen turistas de Santiago, La Serena, Coquimbo, y luego de países como España, Portugal e incluso China.

“La recepción ha sido tremendamente positiva de parte de los huéspedes, tanto del hotel, como de los clientes del casino”, asegura el gerente general.

De hecho, el casino, que inició operaciones recién a mediados del año pasado (cuenta con 230 máquinas de azar, 13 mesas de juego y 60 posiciones de bingo), ya registró ingresos brutos superiores a $800 millones durante el ejercicio de 2016, y las proyecciones son auspiciosas para el 2017. “Como buen negocio en etapa temprana, no hemos dejado de crecer desde que abrimos. Es una señal de que vamos por buen camino”, comentaron desde el resort.

En cuanto a los resultados, los ingresos brutos aumentaron considerablemente entre diciembre y enero, pasando de $173 millones a $245 millones, un alza de 42%.

El primer wine spa en Chile

Pese a que su principal objetivo es ser un casino de juegos, Ovalle Casino & Resort está llamando la atención porque cuenta con el primer wine spa de Sudamérica, un espacio dedicado a entregar relajo, belleza y bienestar a todos sus visitantes, teniendo como protagonista a diversos productos elaborados en base a la uva y el vino que además, se venden de manera exclusiva en el lugar.

Además de las instalaciones, la atención especializada es el principal diferencial del Wine Spa Samay, bajo la filosofía de que el tratamiento empieza con una acogida individualizada donde se escuchan todas las necesidades de la persona y, acorde a éstas, se proponen los tratamientos más indicados.

Sobre el proyecto arquitectónico

A 3 kilómetros del centro de la ciudad, un gran muro de piedra perimetral delimita el espacio habitable de este nuevo recinto de entretención ovallino. Sobre ella descansan los volúmenes que albergan las distintas partes del programa formando una planta cuadrada, la cual se corta en sentido diagonal por una quebrada o “cárcava” irregular, formando así la grieta central donde converge el programa. Pareciera como si a este volumen monolítico y hermético, lo hubiesen esculpido de adentro hacia afuera, haciéndose lugar a través del material pétreo, y generando así la grieta y dejando sin esculpir el perímetro que finalmente alberga la totalidad del programa arquitectónico.

Exceptuando el hotel, todos los demás edificios son bastante herméticos, con muros enchapados en piedra del lugar dando un sentido vernacular propio del clima de la región y haciendo alusión a las paredes rocosas de las cárcavas del valle del Limarí.

El hotel se destaca por su revestimiento metálico, inspirado en la cultura diaguita y sus formas geométricas emulando una greca. El Wine Spa constituye una sucesión de volúmenes cerrados y regulares dispuestos a lo largo de 75 metros. Cada uno de estos bloques alberga piscinas temperadas, salas de tratamientos corporales, y otros recintos similares, rematando al final de un gran pasillo conector con la piscina exterior. Rematando la grieta se sitúa la sala de exposiciones Diaguita, un gran monolito cúbico, seccionado por rajaduras de luz.

Artesanos de la zona pueden exponer sus productos

Una de las iniciativas que el recinto está llevando adelante son exposiciones durante los fines de semana en el boulevard del hotel y casino. Así, cada sábado y domingo, los artesanos de la zona pueden llegar a vender sus creaciones a los turistas que se hospedan en el hotel, o que llegan al casino y restaurantes, siempre y cuando tengan productos autóctonos de la zona del Limarí. “Es una de las exigencias, pues la idea es impulsar el trabajo hecho a mano de los locales. Hay mucha cultura ancestral inmersa en esta región de Chile y qué mejor que mostrarla de manos de los propios pobladores, a través del comercio”, detallan desde Ovalle Casino & Resort.

diarioeldia.cl

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